Por PuroCampo
La creciente inestabilidad internacional —desde conflictos geopolíticos hasta disputas comerciales en la región— vuelve a poner al agro paraguayo en una posición vulnerable. Aunque Paraguay está lejos de los principales focos de tensión, su economía altamente dependiente de las exportaciones agrícolas siente el impacto de manera directa: precios más volátiles, costos de producción en aumento y riesgos en los mercados donde coloca su carne y sus granos.
Un año marcado por la volatilidad
Los productores paraguayos enfrentan un escenario complejo. La combinación de clima adverso y caída de precios internacionales ya generó pérdidas estimadas entre US$ 600 y 700 millones en la última campaña, afectando al PIB y reduciendo el ingreso de divisas. La soja, principal motor del sector, fue una de las más golpeadas.
La incertidumbre global también presiona al tipo de cambio y encarece insumos importados, desde fertilizantes hasta repuestos para maquinaria. Para un país que depende fuertemente de la importación de insumos agrícolas, cada conflicto internacional se traduce en un aumento inmediato de costos.
Tensiones comerciales en la región
En el frente cárnico, la suspensión temporal de plantas brasileñas, argentinas y uruguayas por parte de China encendió alarmas en el Mercosur. Aunque Paraguay no exporta carne al gigante asiático, el riesgo de una sobreoferta regional podría desplazarlo en mercados clave como Chile, Israel o Estados Unidos.
Gremios locales, sin embargo, descartan que exista una “guerra comercial” formal y aseguran que el país mantiene su competitividad. Aun así, reconocen que la situación obliga a reforzar estrategias de diferenciación y a sostener la apertura de nuevos destinos.
La otra guerra: la disputa por la tierra
Más allá del escenario internacional, Paraguay enfrenta un conflicto interno de larga data: la disputa por el uso y la concentración de la tierra. Este factor, que atraviesa la política y la economía rural, genera tensiones entre productores, comunidades campesinas y actores económicos.
En un contexto global incierto, estas tensiones internas pueden amplificarse, afectando la estabilidad del sector y la capacidad de atraer inversiones.
Un sector resiliente, pero en alerta
A pesar de los desafíos, el agro paraguayo mantiene su dinamismo y su capacidad de adaptación. La diversificación productiva, la incorporación de tecnología y la búsqueda de nuevos mercados son estrategias que el sector viene fortaleciendo en los últimos años.
Sin embargo, la conclusión es clara: las guerras del mundo —comerciales, políticas o territoriales— siempre terminan llegando al campo paraguayo, aunque sea por vías indirectas. Y en un país donde el agro representa más del 25% del PIB, cada movimiento internacional tiene consecuencias profundas.


